miércoles, 25 de noviembre de 2009

el pacto

La tarde del veintinueve de octubre fue muy calurosa. Eran ya las siete cuando volví a casa pero aún era irrespirable el ambiente. Corrí las cortinas y me regalé un poco de luz.
Como siempre, traté de ignorar la presencia extraña que habitaba conmigo esa casa, desde hacía ya mucho tiempo. Una chica escribiendo sin parar día y noche. Nunca levantó la vista hacia mí, y yo nunca la había mirado de frente por más de un segundo; mis ojos la rehuían rápidamente.
Tampoco me he caracterizado nunca por ser valiente. Mis ojos rehúyen muchas otras cosas.
Dos años convivimos como pacíficas vecinas, que se ocupan de sus propios asuntos y se limitan a darse los buenos días. Aún cuando ella fuera una cosa muerta, un cadáver levantado de su tumba, que no sabe a ciencia cierta qué le pasa, pero no reconoce su muerte.
Yo no la miraba, pero en realidad, nunca la pude ignorar.
Ella escribía, y era imposible detectar emoción alguna de su parte.
Dos años pasamos juntas hasta el veintinueve de octubre.
Aquella tarde, nadie hubiera podido prever un solo movimiento por parte de los demás. Era de esas tardes en que todos vagábamos en la nube cálida de nuestro propio sudor.
La claridad se desdoblaba en cientos de espejismos de carretera.
Y ella escribía, y yo decidí mirarla.
No sé exactamente qué me produjo tanto horror, si su pelo castaño ordenado en prolijos rizos o sus zapatos negros un poco gastados. Quizás el hecho de que no había nada muerto en ella, pero no estaba viva. Escribía automáticamente, tranquila, pero no serena. El vacío que se hizo en mi pecho al mirarla empezó a atraer todo mi ser, y sentí que me encogía rápidamente.
Al parecer, rompí un pacto no dicho. Ese calor en el que todos nos escudamos para justificar nuestros tropezones despareció de repente. Ella sigue allí, pero yo me he perdido. Ya no seré la misma nunca más.
Vivo en un mar de angustia, me ahogo cada noche en su pelo. De día funciono por inercia. Ya nada de lo que hago tiene un sentido. Sigo, por alguna extraña razón, viva, pero no lo siento.
Ahora la miro sin disimulo. Busco una explicación. Ella sonríe.

4 comentarios:

lara dijo...

extraño las peliculas de terror japonesas, jejeje...

andal13 dijo...

Fah... me corre un frío por la espalda...

lara dijo...

buajajajaja! era la idea, jejeje

Anónimo dijo...

despues de ver este documental(GRATIS)no vas a ver las cosas como antes..
muy revelador,avajo dejo el link

http://video.google.com/videosearch?q=zeitgeist&emb=0#q=zeitgeist&emb=0&qvid=zeitgeist&vid=8883910961351786332

http://thezeitgeistmovement.com/