lunes 7 de diciembre de 2009

en montjuich

Teresa espera
no sabe nada de él
no sabe nada de ellos
Sus lágrimas
como colgadas de un hilo
no ruedan
Teresa espera
tras los muros húmedos
del castillo donde los señores
juegan a matar siervos
Y Teresa espera
al soldado amigo
que le trae noticias
y Teresa llora
al escuchar las balas
que matan a los que soñaron su vida
Roja y negra en la oscuridad
del calabozo de Montjuich
Teresa espera


Escribí esto pensando en Teresa Claramunt, anarquista española, dirigente sindicalista de fines del siglo 19 y principios del 20. No sé si esto es un homenaje, apenas he leído algunos de sus textos; más bien quise escribirle un pequeño agradecimiento...

miércoles 25 de noviembre de 2009

el pacto

La tarde del veintinueve de octubre fue muy calurosa. Eran ya las siete cuando volví a casa pero aún era irrespirable el ambiente. Corrí las cortinas y me regalé un poco de luz.
Como siempre, traté de ignorar la presencia extraña que habitaba conmigo esa casa, desde hacía ya mucho tiempo. Una chica escribiendo sin parar día y noche. Nunca levantó la vista hacia mí, y yo nunca la había mirado de frente por más de un segundo; mis ojos la rehuían rápidamente.
Tampoco me he caracterizado nunca por ser valiente. Mis ojos rehúyen muchas otras cosas.
Dos años convivimos como pacíficas vecinas, que se ocupan de sus propios asuntos y se limitan a darse los buenos días. Aún cuando ella fuera una cosa muerta, un cadáver levantado de su tumba, que no sabe a ciencia cierta qué le pasa, pero no reconoce su muerte.
Yo no la miraba, pero en realidad, nunca la pude ignorar.
Ella escribía, y era imposible detectar emoción alguna de su parte.
Dos años pasamos juntas hasta el veintinueve de octubre.
Aquella tarde, nadie hubiera podido prever un solo movimiento por parte de los demás. Era de esas tardes en que todos vagábamos en la nube cálida de nuestro propio sudor.
La claridad se desdoblaba en cientos de espejismos de carretera.
Y ella escribía, y yo decidí mirarla.
No sé exactamente qué me produjo tanto horror, si su pelo castaño ordenado en prolijos rizos o sus zapatos negros un poco gastados. Quizás el hecho de que no había nada muerto en ella, pero no estaba viva. Escribía automáticamente, tranquila, pero no serena. El vacío que se hizo en mi pecho al mirarla empezó a atraer todo mi ser, y sentí que me encogía rápidamente.
Al parecer, rompí un pacto no dicho. Ese calor en el que todos nos escudamos para justificar nuestros tropezones despareció de repente. Ella sigue allí, pero yo me he perdido. Ya no seré la misma nunca más.
Vivo en un mar de angustia, me ahogo cada noche en su pelo. De día funciono por inercia. Ya nada de lo que hago tiene un sentido. Sigo, por alguna extraña razón, viva, pero no lo siento.
Ahora la miro sin disimulo. Busco una explicación. Ella sonríe.

jueves 19 de noviembre de 2009

un año en medio

Son las cuatro y diez. El ómnibus sale en dos horas.
Sentados en la terminal, rodeados de otros turistas, esperamos callados a que el viaje nos quite el mal humor y las ganas de pelear. Yo no tengo demasiadas esperanzas; sólo quiero apoyar mi cabeza en el respaldo del asiento y dormir las casi cuatro horas que nos separan de Punta del Diablo.
No sé qué esperarás vos, pero ahora no quiero saberlo.
Una bandada de adolescentes se posa en los asientos contiguos a los nuestros. Me molestan porque los envidio; nunca viajé con amigos, porque no tengo muchos amigos.
Vos lo sabés. Te lo he contado. Ahora me arrepiento; me siento desnuda en mi fracaso.
Nosotros dos, serios, leyendo cada uno su libro, con el cargamento justo para que no falte ni sobre nada...Y al lado unos mocosos riéndose de todo y de todos, orgullosos y optimistas...
No quiero estar en ninguno de los dos lados.
Veo que me mirás. Me hago la distraída, hasta que me doy cuenta de que estoy llorando. Es decir, dos lágrimas ruedan por mis mejillas; mi quietud las ocultó de mí.
Me preguntás que me pasa, me pedís que no llore. Yo te miro y no entiendo. No siento que estemos en la misma dimensión, te miro desde muy lejos.
Escucho que uno de los gurises se burla de nosotros. Sentirme observada me devuelve a la realidad. Me seco las lágrimas, miro el reloj, ya pasó una hora. Parece que realmente me fui de mi cuerpo por un momento. Te acaricio una mejilla y la noto fría. Mis dedos parecen dormidos, porque apenas te siento.
Tu mano alcanza mi pelo. Conozco lo que viene: la presión de tus dedos en mi nuca, atrayéndome hacia tí, hacia tu mirada protectora de quien cree conocer la vida, seguro de que te pediré perdón y de que serás perdonado. De repente esa presión se vuelve violenta, desagradable.
Me das miedo. Yo me doy miedo.
Te digo que voy al baño. Es verdad, necesito un espejo. Quiero mirarme a los ojos y asegurarme que el viaje nos va hacer bien. Que nos vamos a aislar del mundo y eso de alguna manera nos va a curar. Quiero convencerme; pero creo que eso ya no puede pasar.
Hace un año exactamente estábamos sentados en el mismo sector de la terminal. Creo que esperando el mismo ómnibus. También íbamos a Punta del Diablo.
Llevábamos el doble de peso y nos costaba la mitad de fuerza, porque era un detalle sin importancia.
Ahora apenas recuerdo qué pasó entre aquel día y hoy. Estoy aburrida de razonarlo y de entenderlo y de llorarlo.
Sí recuerdo que unos adolescentes, que de casualidad no eran estos, estaban sentados al lado nuestro. Los mirábamos y sentíamos hasta lástima por sus comentarios triviales y sus planes tan comunes. Orgullosos y optimistas, disfrutábamos de lo que creímos que sería nuestra última hora de realidad.
Ella nos alcanzó, de todas maneras, en otras rutas.
Voy al baño, te digo, mientras me zafo de tu mano e intento imaginar cómo te explico, cómo entenderías, que no voy a ir este año a Punta del Diablo.

lunes 26 de octubre de 2009

luto


Aún sin creerlo, aún sin entenderlo, aún soñando que no sea cierto, que había esperanza, que hay esperanza en algún rincón... nunca puse demasiada fé en la fé, pero, ¿qué nos queda? ¿La razón?

martes 13 de octubre de 2009

disección

la niña con su bisturí
llegó a la casa
como un viento cortante
incisivo
diseccionando la casa antigua
las puertas pesadas
vino con el mayor
pero pronto todos caímos
ante su mirada filosa
y su bisturí
primero mamá y papá
y sus miradas cargadas
las sombras de toda la casa
nada la resistió
y todos reímos
todos festejamos
mientras nuestros brazos
desmembrados
siguen moviéndose
como tentáculos arrancados del pulpo

jueves 24 de septiembre de 2009

el cuento que te escribí

El cuento que te escribí trata sobre lo que sólo vos sabés. Yo no, porque nunca me lo dijiste; me contaste el cuento, nomás.

Y ahora tengo miedo de que me veas como la destructora de un sueño, o de que mi cuento llegue a lo profundo y te haga llorar. Pero tengo aún más miedo de que no te guste, de que no te llegue ni al oído. No me lo dirás porque sos demasiado amable. Eso es peor, prefiero saberlo y lamentarme en paz.

En realidad, siempre tengo miedo.

Creo que por eso te convoqué cual espíritu para la intimidad de una charla, porque no quiero seguir teniendo miedo, y por él perderme de alucinaciones salidas de tu living lleno de humo color naranja. Creo que hace mucho lo soñé, pero no era más que un sueño.

Así que el cuento es sólo la excusa y a la vez el todo: no sé qué conjuro me hiciste, para escribir con mi mano las cosas que sólo vos sabés.

martes 14 de julio de 2009

de la culpa

pensar en solitario
como arreglar
las cosas que salieron mal

se nubla la vista
se pierde el rastro
confundido en el olor del sudor frío

culpame de todo
soy el blanco
del ojo del condenado

gritos voraces
de los nobles caballeros
que olvidan lo que nunca aprendieron

lunes 18 de mayo de 2009

historia compartida

serías una hoja de papel
sin ser escrita
yo te tatuaría de tinta
tinta apurada, imprecisa
del quión que preparo
a media mañana
y no represento jamás,
de la improvisación de mis oídos

serías, si no fueras
más que papel
yo no sería mejor
ya lo sé.

las palabras se impregnan
de los dos
se disuelven
en nuestras hojas gastadas
de tan nuevas
de tan escritas

tantos papeles vacíos
de realidad
las palabras caen de a una
se enredan
escriben poemas de amor
sofocados
luego se van

y nos dejan solos,
discretas ellas,
una vez más

el barco

un barco se ve a lo lejos
no hay nadie en la playa
y de repente siento que llaman
a una parte de mí
duele, tiran
de cada célula de mi cuepro
algo quiere de mi el barco
resisto, por puro instinto
aunque quizás en el fondo
quisiera entregarme entera
como canto de sirena
viajar suavemente hacia él
duele
pero si me lleva
quiero que me lleve entera

martes 28 de abril de 2009

frío

tengo una confusión pendiente
y mucha niebla en los ojos
ya no sé cómo hacer
las cosas que siempre hago

tengo frío, quiero volver
a un lugar que no tengo muy claro.

caminar me alivia y me tortura
porque no sé adonde llegar
tengo un enredo en el nido
y mis pájaros están ofendidos

tengo frío, quiero no estar
aquí, es un lugar extraño

a veces creo que el frío
tan sólo llega porque sí
a veces pienso que no hay porque llegar

creo que ya deambulé
bastante para mis años
quiero encontrar un camino largo

tengo frío, ya lo sé
hago fuego de mi árbol...