lunes, 4 de enero de 2010

cuento de fin de año

Todos esperamos las doce, los fuegos artificiales, el brindis. Las madrigueras rebosan de familiares. Y yo no puedo evitar pensar en los que están solos. Me imagino madrigueras oscuras y húmedas, viejitos borrachos tratando de aparentar normalidad mientras se les cierra el pecho, como se cierra el mío al pensar en ellos.
La euforia de mi familia parece producto del mismo pensamiento, agazapado en la nuca.
Yo estoy angustiada, mi hermana deprimida, probablemente pensando para qué se festejará el fin de un año si todos los días son iguales y cosas así.
Los demás enloquecen, hasta ahora pacíficamente. Papá toma wisky como nunca, nos grita que festejemos. Recordé las nocheviejas de chica, cuando me daba tanto miedo su transformación en maníaco de la fiesta. En general terminaba llorando y él disimulando la tristeza.
Mamá también toma mucho wisky, lo cual no está tan mal. La prefiero un poco borracha que histérica como siempre. Porque los ojos le brillan, está tranquila, larga la carcajada a cada rato. Papá la toma de la cintura, bailan con la ensalada de frutas en la mano. Una vez al año parecen una pareja.
Mis dos hermanos mayores son la frustración en vivo y en directo. Seguramente piensan que sus hijos les arruinaron la fiesta. Ambos con el ceño fruncido, mantienen su conversación casi en silencio. Sus compañeras corren atrás de los pequeños, con el llanto en la garganta, porque a ellas también se les acabó la fiesta y nadie se los reconoce. Quién sabe qué los llevó a juntarse y tener hijos. Ninguno parece demasiado convencido. Ni siquiera los propios niños, que se dejan poseer por todos los demonios juntos.
Pero quizá la mirada húmeda del tío vago, desde el otro lado de la terraza, lo explique todo.
Mi hermana, sentada a su lado, mira a los sobrinos con asco. Son un cuadro, una fotografía desesperada porque nadie tiene cámara en esta casa.
Y yo angustiada, súbitamente, por ciertos viejitos borrachos.
Me los imagino deseando la vida del vecino. Sentados en la penumbra, con la radio a un lado, un vaso de grappa en la mano. Sin entender qué hicieron mal, a cuál de sus novias dejaron ir estúpidamente, qué locura intransigente les hizo abandonar un trabajo o una carrera.
Seguramente sueños de libertad o diferencia; tener tiempo, una pareja ejemplar, qué se yo.
Y me pregunto por qué no lo habrán hecho.
Siento unos bracitos que rodean las piernas y una carita mojada en la rodilla.
-Tíííaaa...
Mis sobrinos se están peleando, sus padres también. Los grandes echan humo por las narinas y se insultan magníficamente, mientras los más chicos se refugian en los solteros, para mortificación de mi hermana. Mis padres se han vuelto unos pibes cachondos y están escondidos atrás del parrillero.
Hace unos años eso hacían mis hermanos y cuñadas. Eran el modelo que yo admiraba fervientemente. Salían juntos, acampaban, se querían.
Y mis sobrinos son adorables y en calidad de tales los adoro.
Y ahora todos gritan y se putean.
Y no son las doce todavía.
Y bueno...
Si, por esas cosas, me tocan la soledad y la grappa, sólo espero que alguien piense en mí.

10 comentarios:

José Legaspi dijo...

Un dolor así, expresado tan bien, sobre una festividad que nos impone cierta hipocresía, cierta individualidad, hasta cierta teatralidad, sólo puede conmover y provocar una infinita solidaridad hacia esos viejitos y hacia los que se ven como esos viejitos...
Lara, no te preocupes, llegado el caso yo pongo la grappa ...

lara dijo...

buenísimo! jaja
sí, estas festividades tienen mucho de teatro familiar... también pasa que todo explota, justamente porque la tensión está al máximo...

Daniel Buschiazzo Nuttes dijo...

no sabés si el 104 a carrasco sigue pasando por acá? porque el tiempo se detuvo ya, y ese no pasa más. Perdón, me equivoqué de ventanilla?



mal estimulado, sintonizando. Perdón, realmente.

lara dijo...

mmm... no entendí tu comentario, me lo podrías explicar? el 104 no está en mi vida actualmente

elneurotico dijo...

Escribiste sobre mi Año Nuevo, pero intercambiando grappa por vino malbec. Y muchos cigarrillos, con un par de películas y celular apagado.

Daniel Buschiazzo Nuttes dijo...

si.
podría explicártelo.

juan pascualero dijo...

Este Daniel está muy complicado. Se refiere a un chiste a propósito de la baja frecuencia del 104; "El tiempo pasa... El 104 no..." Un abrazo.

Skyline dijo...

Esta muy bueno el relato Lara, las fiestas suelen ser más teatro que otra cosa, una excusa para juntarse, hacer como que esta todo bien, tomar bastante, comer hasta reventar, sonreir, brindar, llorar, gritar, pelear, recordar, extrañar mmmm.
A mi me hubiese gustado recibir el año haciendo el amor en alguna playa, pero me toco recibirlo vomitando contra un muro, un recibimiento muy bizarro el mio pero bue que le voy a hacer, se ve que el cordero, las rabas, el vino, la cerveza, el turron, el pescado, sumado a mucho mucho sol fueron la combinación perfecta para que quedara hecha pelota.

Melisa dijo...

en mi familia pasa lo contrario.. no explota nada, no hay tensiones, jugamos a ser felices y a recibir el año con buena cara..en el apartamento de abajo a una vecina le tocó la soledad y la grappa y todos los vecinos fuimos a rescatarla..

me gustó mucho tu relato, saludos!

Nico dijo...

Fa, leí esto y me hiciste recordar las ultimas 15 navidades con mi familia!

De cualquier forma, como dijeron arriba exelente relato.