domingo, 7 de marzo de 2010

desde el tren

Sé que me muevo
Estoy quieta en el asiento
Veo pasar sólo cosas
que son iguales siempre
aunque cambien o sean otras
Veo pasto, vacas, arroyos
sin saber donde terminan
unos y otros
Sé que me muevo
Camino por el vagón
tratando de distraer a mis huesos
del trabajo forzado
Camino en el otro sentido del tren
volviendo
La gente ya no me mira
no se miran entre ellos
Verde, negro, blanco, azul
Nube, pasto, vaca, arroyo
Sé que me muevo
Pero estoy quieta en el asiento
y me da por pensar
en los venenos que dejé en casa
pensando en el pobre perro
que me extraña tontamente
también en como lo extraño
(a él y a mi eterna vida)
Sé que me muevo
Eso me hace sonreír
Pensando en como lo hago
quieta desde mi asiento
La gente ya duerme
no apoyan sus cabezas
en hombros ajenos

4 comentarios:

andal13 dijo...

Aún en los momentos en que creemos ingenuamente en la inmovilidad, el tiempo, inexorablemente, nos empuja hacia adelante.
Los trenes lo saben.
Aún cuando estén engañosamente quietos durmiendo en la última estación.

juan pascualero dijo...

¿Como diablos podés escribir las cosas que he sentido en algún momento de mi vida? Nube, pasto, vaca, arroyo? todas las cosas que te pasan por delante... gracias por decirlo como nunca hubiera podido.

Julián dijo...

Ah! Por supuesto, y yo también he dejado caer poesía. ¿Has visto mis entropías?

Oruga Viajera dijo...

Se siente el ritmo del tren en la poesía.

Casi que escucho el "quetrén quetrén"...