viernes, 30 de abril de 2010

última noche de calor

I.
Las brasas ya queman su propia existencia.
Se acabó el fuego. A partir de mañana, sólo habrá frío...
A pesar de todo, estoy emocionada con la idea de la partida. Es una emoción muy pequeña, algo así como una de las brasas de la estufa, algo que por sí sólo da poco calor pero está innegablemente encendido.

II.
Marisa ya se fue a dormir, a pesar de nuestras protestas. No esperaba otra cosa, sin embargo; debe hacer unas veinte horas que está despierta, y nunca durmió la siesta que nos prometió, si bien asegura que sí, que lo hizo sentada en el sillón rojo. Yo no la ví, Mario tampoco, pero en realidad no hay porqué insistir.

III.
Mario mira la película, yo lo miro a él de reojo. El novio de Marisa, quién lo diría...

IV.
Prometieron y cumplieron, los dos. Guardaron silencio sobre mi vuelta como les pedí, aun cuando les generó alguna situación molesta con los conocidos; además se acostumbraron a mi presencia, me olvidaron sólo para descubrir nuevamente que estaba allí y que podía ayudarlos en la casa. Incluso dejaron de preocuparse si yo estaba despierta cuando hacían el amor. Fue un poco incómodo para mí, pero lo consideré un precio razonable para la estadía.
Porque eso sí, no hubo manera de pagarles nada.

V.
Las brasas mueren, yo siento la sangre acumulándose en los labios, las mejillas, los dedos de los pies.
La sensación es muy agradable. De esas que me gusta concentrarme, para luego invocarlas, sin importar cuán lejos esté ni cuánto frío haga.

VI.
Si lo conociera más, le pediría que me abrace, que me deje apoyar la cabeza en su hombro, que duerma conmigo...
En este instante necesito calor ajeno, alguien que me acompañe un rato, hasta la puerta del sueño. Marisa ya se fue a dormir y además, después de la última vez que estuve aquí, sería incómodo.
Me pregunto si Mario sabrá algo.

VII.
¿Me vería igual?
No lo sé, no tengo la más ligera idea. No sé que tal es Mario en algunos aspectos. En realidad lo conozco en muy pocos.
Hubo una noche, noche con brasas y frío futuro y Mario lejano, en que Marisa y yo necesitábamos, las dos, ese calor ajeno. No sé si ella esperaba lo que pasó, yo sí, desde el momento en que decidimos dormir juntas sabía que ambas necesitábamos también los mismos besos en los mismos rincones.
Fue una noche larga, antes de salir al frío.


VIII.
Esta vez, sólo pude imaginarlos a ellos.
Me quedaba quieta, para no delatar mi presencia; no porque no la conocieran, claro está, sino por que sé que, por momentos, esas presencias se olvidan.
Eran tan sutiles, tan guardianes de sí mismos, que sólo aumentaban mi deseo de estar allí.
No con Marisa, ni con Mario, con los dos, con su esplendorosa intimidad.

IX.
Mario me mira. Cree que duermo.
Probablemente esté tratando de resolverme, como a un crucigrama.

X.
Yo lo miré dormir una vez.
También a Marisa.

XI.
Hace mucho que las brasas murieron. Bajo el acolchado he logrado conservar mi placer.
Sangre en las mejillas, en los labios, en los dedos de los pies.
Hasta las lágrimas son placenteras, son cálidas.

XII.
Mañana no estaré aquí. Es la última vez que duermo en esta cama.
Esta vez es para siempre, como todas las demás.
Todo es demasiado perfecto, los vasos con las marcas del vino, el sillón con las marcas de los cuerpos, el olvido antes del viaje, amnesia selectiva de mi falta, para mí y la habitación. El último toque de lo cotidiano, tan seductor como siempre, el muy maldito.

XIII.
Ni luz, ni fuego.
Sólo calor, como si fuera un feto.
Ya habrá tiempo de nacer, me digo y río sola.

3 comentarios:

julio e. dijo...

llegue a tu blog por coincidencias en musica y libro y quede gratamente sorprendido con lo que encontre, tu texto (me niego a clasificarlo) y su estructura me recordaron por momentos a rafael courtoisie (lo escribo de memoria conciente de el risgo de error) y la tematica quiza secundaria de las marcas, que dejamos y nos delatan/singularizan/nos vuelven presentes incluso queriendo ser ausencia. se que volvere...algo me lo dice. un abrazo

Alicia dijo...

Excelente Lara, pude ver los personajes, cada imagen desde el ojo testigo. Si eso logra el lector, la historia cierra y el escritor descansa hasta que llega otro latido.

GonSaa dijo...

Muy bueno, lo leí varias veces, no me voy a poner a analizar pero me encanta como se transmite el calor, el ambiente en general.
Sip ando con frío últimamente.
gracias por compartirlo.